Opinión · Columna

Las sombras que ya no habitamos

Retrato de Rexton Ruiz Guerrero

Rexton Ruiz Guerrero

Estudiante de Comunicación y foráneo en Monterrey

“La sombra no debería considerarse un lujo o un elemento decorativo.”

Caminar hacia un lugar cercano es una decisión lógica, al menos en papel. Sin embargo, las cosas cambian cuando la actividad se condiciona por la falta de sombra en las calles. Tienes que decidir entre esperar hasta que el sol se ponga, tomar un taxi o simplemente exponerte al calor de Monterrey. Incluso utilizar bloqueador solar o una sombrilla se convierte en una tarea tediosa, pues puede sentirse insuficiente y poco cómodo. Durante la temporada de calor, el Gobierno de Nuevo León advierte que las temperaturas pueden superar los 40 °C y recomienda evitar la exposición directa al sol entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde.

El calor es un problema recurrente en Monterrey, pero no se trata de intentar controlar el clima, sino de que la ciudad cuente con maneras de proteger a sus peatones: árboles, sombra, vegetación, mobiliario, diseño de banquetas, paradas cubiertas, entre otros.

Me ha tocado tener que salir a caminar en días tan insoportablemente soleados que mejor he optado por pedir un Uber. ¿Por qué uno como ciudadano debe elegir entre estas opciones? ¿Por qué no existe una infraestructura adecuada para usuarios que, como yo, experimentan dificultades para transitar incluso si viven cerca de sus destinos?

Una banqueta puede existir y permitirte llegar de un punto a otro, pero eso no significa que el trayecto sea adecuado para los peatones. También importan las condiciones en las que se recorre: la temperatura, la sombra disponible, la vegetación o los espacios donde una persona pueda detenerse. Una ruta puede ser técnicamente caminable y, aun así, sentirse hostil o incómoda. De acuerdo con el Instituto de Recursos Mundiales, las zonas de Monterrey con una mayor cantidad de espacios abiertos arbolados suelen registrar menores temperaturas. Además, la misma organización señala que esta reducción propicia que más peatones y ciclistas utilicen esos espacios y lo hagan con mayor frecuencia.

Más allá de mi experiencia individual, las vivencias en Monterrey son distintas. Si para mí un trayecto corto puede llegar a ser agotador bajo el sol, vale la pena preguntarse cómo se experimenta desde otras condiciones. Los adultos mayores, las personas con movilidad reducida o los niños pueden enfrentarse a dificultades distintas al recorrer las mismas calles. La exposición solar tampoco afecta a todos de la misma manera. Las propias recomendaciones estatales ante las olas de calor piden prestar especial atención a niños y adultos mayores debido a los riesgos de las altas temperaturas.

Otro caso muy común en Monterrey es la gente que espera todos los días para tomar el transporte público. Segundos, minutos y horas que parecen no terminar. ¿Cuánto deben esperar ellos, soportando bajo un sol que nunca parece acabar? La indiferencia hacia los peatones dentro de la planeación estructural de la ciudad se vuelve evidente cuando incluso algo tan cotidiano como esperar el transporte puede significar permanecer completamente expuesto. Según la Encuesta Así Vamos 2025, el 79 % de las personas usuarias encuestadas en Monterrey considera que las paradas de transporte público no cuentan con sombra o techo para protegerse del sol o la lluvia. La movilidad suele pensarse en kilómetros y tiempo, pero muy poco en cómo se sienten esos momentos bajo el sol.

Un trayecto peatonal que debería tomarte quince minutos se convierte en diez porque terminas caminando a prisa; llegas sudando, de mal humor y probablemente sintiéndote incómodo con una actividad para la que, en teoría, estamos hechos. Elegir transitar tus calles como peatón no debería ser tan complicado. La realidad, no obstante, es que en Monterrey la cotidianidad se ha relegado para dar paso a una experiencia urbana mucho más pensada alrededor de los vehículos. Entre banquetas sin sombra, tramos sin árboles y espacios que parecen haber sido construidos sin pensar demasiado en quien los recorrería a pie, encontrar dónde esconderse del sol puede sentirse casi como una cuestión de suerte.

La solución para la carencia de sombras va más allá de añadidos superficiales. Se debe cuestionar qué es lo que realmente significa construir una ciudad donde caminar no sea una actividad reservada para las horas en las que el sol nos dé permiso. La sombra no debería considerarse un lujo o un elemento decorativo, sino parte de la infraestructura necesaria para que caminar en Monterrey sea una verdadera opción.